Una Filosofía para Habitar y Transformar los Procesos Creativos
- adrgomez

- 23 feb
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Actualizado: 24 feb
En un mundo donde la creatividad se ha convertido en commodity, es urgente repensar qué significa ser creativo.

La creatividad no es un simple marco de ejecución. No podemos aterrizarla a algo sencillo y concreto. Cuando hablo de creatividad siento que es una condición que enmarca todo lo que hacemos y determina cómo vamos dejando huella.
El diseñador produce una estela en el hacer. Su creatividad, se teje, de alguna manera, en las redes culturales, territorios materiales y economías simbólicas.
Me interesa repensar los procesos creativos para hacer resistencia al entorno y a los aspectos de la cultura que nos arrastran. Me refiero a resistir el descuido que produce la vida reactiva, la que resuelve sobre la marcha y atropella los detalles.
No solo creamos productos y experiencias. Con creatividad determinamos cómo se ejecutan las experiencias y las condiciones que nos sostienen. Cuando se es un creativo rebelde, se abren marcos de oportunidades. Mejor aún, se mantiene uno en su centro a pesar de estar en un medio de pura aceleración, superficialidad o imitación.
La invitación de Trazo de Origen es a defender la necesidad de crear desde el origen, no desde el deber SER. ¿Cuál es el origen exactamente? Es la dimensión donde existe el propósito, donde surge la frecuencia que nos eleva y que alimenta la energía que nos mueve en la cotidianidad.
Partiendo del origen se transforma: la manera de aprender, de decidir, de relacionarse y de sostener un proyecto en el tiempo. Esto suena abstracto pero ya mismo lo aterrizo. En el hacer es fácil diluirse. ¿Quién está diluido? El que quiere cambiar algo, que se siente arrinconado, frustrado o atropellado, y a pesar de eso, no actúa. Y no actúa porque el miedo es grande. Entonces falla en resolver sus tensiones y en implementar resistencia desde su origen.
Herramientas prácticas para diseñadores que trabajan desde el origen
Primero, para cambiar desde donde creamos, hay que aprender a observar. Yo lo defino como hacer un entrenamiento en lenguaje de percepción. Hay que habitar la sensorialidad del cuerpo y escuchar al sistema nervioso que va creando un registro emocional. Además, hay que entrenarse en el lenguaje que nos permite darle dimensión a las tensiones que emergen en nuestra realidad interior.
Estamos formados para un modelo mental que evade responder preguntas estructuradas como:
¿Qué estoy sosteniendo con lo que quiero crear?
¿Qué estoy evitando?
¿Qué me desanima y qué me vitaliza?
El lenguaje de percepción trasciende los procesos mecánicos, atiende y resuelve tensiones emocionales y da dimensión a lo que hacemos. Nos permite crear desde nuestra biología y, por tanto, integra de manera sistémica lo que es mejor para ella. Favorece, de manera sistémica, un diseño más humano y menos transaccional.
En este lenguaje pensamos con el cuerpo y creamos, no desde las tendencias, sino desde el arraigo, la memoria y el significado. Anteriormente escribí porque el diseño colombiano tiene unos retos interesantes por delante. El diseñador emprendedor necesita un lente que le ayude a comprender cómo todo alimenta su creatividad y lo importante que es crear enfocándose en habitar una estructura que converse con todo el sistema.
Un gesto para el futuro de los procesos creativos
Cuando dejamos de ver la creatividad como una competencia y la entendemos como una condición vital, nos abrimos a un tipo de diseño que no solo produce objetos, sino que transforma la cultura en línea con lo más humano y sensible.
El LOOP es un taller que diseñé después de estar años investigando y aprendiendo a dar dirección a mi experiencia creativa. Pero antes de eso, obvio, tuve que perderme en el vórtex y diluirme en su sustancia irreconocible.
Confronté la tensión agobiante del deber SER y le hice frente a la inhospitalidad de mi realidad adentro. Pasaron unos meses y no encontré un camino, encontré algo mucho mejor. Encontré un origen. Un piso, una base, en eje para crear.
Desde Trazo de Origen los invito a aprender sobre una creatividad que explora gestos de coherencia y que no responde al ruido, sino a la escucha profunda y a la observación. Hablo de una creatividad que cohabita. El origen es un centro del que uno jamás se aleja. Una vez anclados, simplemente se alimenta y refina permitiéndonos evolucionar en el gesto de nuestro trazo.
