REALIDAD INTERIOR, SERVICIO A LOS DEMÁS
- adrgomez

- 18 feb
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 25 feb
por mucho tiempo y desde que tengo memoria, la voz en mi realidad interior me mantenía agobiada. me comparaba con esos individuos ejemplares que sientan precedentes y transforman.
Adentro, en mi realidad interior, la conversación era cruda:
¿Por qué no siento ganas de ayudar? ¿No dicen pues, que ayudar es el mejor recurso para encauzar el propósito? Yo con este fog, que no me ubico, lo mejor que podría hacer es servir a la comunidad de alguna manera. ¡Pero es que no me dan ni cinco de ganas!
Caminándole a esa conversación finalmente desenredé la cuerda que llevaba enloqueciéndome. Empecé a notar que en el "servir" hay matices y características.
Uno puede servir desde lo trivial y cotidiano, con las personas que nos rodean. Cada gesto, cada sonrisa, saludo o colaboración circunstancial eleva la energía de los demás. La cordialidad y cualquier gesto de reconocimiento de la realidad del otro, al final, crean significado: "te veo y te valido, existes en mi realidad".
Esto en esencia es poderoso como práctica activa —sobre todo para mí que camino de afán, indiferente, abstraída y desinteresada. Servir es una forma de atención y ya sabemos que hoy no hay recurso más valioso que nuestra atención.
Servir desde el YO
Por otro lado está esa idea de prestar un servicio o voluntariado. Aquí entramos en planeación y esfuerzo. Debemos hacerlo funcionar en nuestra agenda y debe haber cierta equivalencia con nuestros intereses. El servicio se justifica: ayudo, cumplo con mi parte.

Aunque el arranque es desinteresado, hay una agenda que viene desde el ego. Es una iniciativa que busca que uno se sienta bien. Y desde el ego el servicio puede volverse frágil, porque el ego tiene un dejo colonizador: "Yo sé cómo ayudar, yo sé lo que el otro necesita."
Servir, punto.
Mi afiliación ideológica es más bien budista. El servicio debería ser incondicional, sin particularidades ni agendas. Incluso podría no ser cómodo, o oportuno, o higiénico. Cuando alguien nos pida ayuda, sin cuestionamientos, deberíamos ponernos al servicio de esa persona. Si actuáramos sobre esa base, estaríamos conectándonos desde la humildad, sin fabricaciones y sin control.
Nos es fácil servir.
Servir está en el sentido cósmico de todos, pero el ego se traviesa, prioriza causas personales, y crea historias en las que vamos a salvar el mundo en nuestros términos. ¿Hay impacto? Sí. No estoy juzgando, solo revisando.
Conclusión
Puedo ser consciente de que en mi cotidianidad puedo estar más presente, conectarme y sentir mejor a la gente a mi alrededor. Darles mi mejor atención.
También me doy espacio para estar presente y hacerme disponible: mi tiempo se puede interrumpir, me puedo incomodar, mis manos, mi ropa, las puedo lavar. Me trabajo ese ego miedoso que protege su zona y limita mi alcance humano. Puedo ser más grande en ese instante espontáneo en el que la vida me invita a serlo —y me invita seguido.
Servir no es necesariamente actuar proactivamente. Es hacerse disponible siempre y estar consciente de que no siempre será cómodo priorizar al otro. Bajo esta sombrilla me tranquilizo, mi crítico interior deja de fastidiar. Me corresponde estar presente para agregar valor, aprendiendo a poner la empatía por delante de otras prioridades.
Otras reflexiones con las que he revisado mi realidad interior.
Vivir hacia fuera es abandono adentro
Volver a lo básico
¡Fluir!
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